¿Alguna vez te has preguntado por qué Marte es el planeta rojo o quién era realmente Venus? Sumérgete en este viaje épico por el origen del nombre de los planetas y las leyendas más fascinantes de la mitología. Una guía completa para entender el alma del cosmos.
Anoche me quedé mirando al cielo, con ese silencio que solo se siente en las madrugadas de 2026, y me di cuenta de algo alucinante. Miramos hacia arriba, reconocemos a Venus brillando más que nadie, o a ese puntito rojizo que es Marte, y soltamos sus nombres como si nada. Pero, ¿te has parado a pensar alguna vez en la carga de historia, de drama y de pura épica que arrastra cada una de esas palabras?
A mí me pasa que, en cuanto empiezo a tirar de un hilo, no puedo parar. Soy así, ya me conoces. Me apasiona entender el porqué de las cosas y, sobre todo, la magia que los antiguos veían en esos puntos de luz que se movían de forma distinta a las estrellas. No eran solo piedras o bolas de gas para ellos, eran seres vivos, poderosos y con una personalidad arrolladora que dictaba el destino de los hombres.
En esta entrada quiero que hagamos un viaje juntas. Un viaje que no necesita naves espaciales, sino un poco de imaginación y muchas ganas de descubrir chismes celestiales. Vamos a desgranar por qué llamamos a los planetas como los llamamos, qué dioses se esconden detrás de sus órbitas y qué leyendas han sobrevivido miles de años para llegar hasta nosotras. Prepárate, porque hay traiciones, amores imposibles y mucha, mucha energía universal^^
- El nombre de los planetas: un viaje a través de la historia
- Mercurio: El corredor incansable de los pies alados
- Venus: La joya de la corona y el suspiro de los amantes
- La Tierra: La gran excepción que confirma la regla
- Marte: El Guerrero Rojo que Enciende el Horizonte
- Júpiter: El Rey Supremo y su Corte de Amantes
- Saturno: El Señor del Tiempo y las Sombras del Pasado
- Urano: El Cielo Estrellado y el Primer Padre
- Neptuno: El gigante azul que gobierna los abismos
- Plutón: El rebelde del inframundo que nunca olvidaremos
- Más allá de Roma: Cómo veían los planetas otras culturas
- El nombre de los planetas y Los días de la semana
- Ceres y el Cinturón de Asteroides: La madre que nos alimenta a todos
- Las lunas de Saturno: El regreso de los Titanes
- El giro inesperado de Urano: Un homenaje a la literatura
- El zodiaco y su conexión eterna con los planetas
- El nombre de los planetas en el Antiguo Egipto: El viaje del Sol
- La visión nórdica: Planetas bajo la aurora boreal
- El futuro del nombre de los planetas: ¿Cómo llamaremos a los nuevos mundos?
- Preguntas frecuentes sobre el nombre de los planetas
- ¿Quién decidió que se usaran nombres romanos y no griegos?
- ¿Por qué los planetas descubiertos después (Urano, Neptuno) siguieron la tradición?
- ¿Existen planetas con nombres de diosas femeninas aparte de Venus?
- ¿Qué nombre tiene el Sol en la mitología?
- ¿Por qué se llama Vía Láctea a nuestra galaxia?
- ¿Por qué se dice que los planetas tienen influencia en el humor?
- ¿Cuál es el planeta más antiguo según su nombre?
- ¿Existe algún planeta que lleve el nombre de un mortal?
- ¿Por qué Plutón es tan pequeño si era un dios tan importante?
- Cómo se llaman las lunas de Marte en español?
- ¿Hay algún planeta que se llame como un animal?
- ¿Es cierto que Venus gira al revés?
El nombre de los planetas: un viaje a través de la historia
Lo primero que tienes que saber es que, aunque los griegos fueron los grandes narradores de estas historias, nosotros usamos mayoritariamente los nombres romanos. Esto es un giro del destino curioso, ¿verdad?
Los romanos, que eran unos expertos en absorber culturas, cogieron el panteón griego, le cambiaron el nombre a los protagonistas, y lo empaquetaron tan bien que es lo que ha llegado hasta nuestros días.
Los planetas visibles a simple vista (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), han tenido nombres desde que el ser humano tiene uso de razón. Los babilonios ya los tenían fichados, pero fueron los griegos quienes les dieron esa pátina humana y divina.
Ellos los llamaban los asteres planetai, que literalmente significa estrellas errantes. Me encanta ese concepto. Mientras las estrellas fijas se movían todas a una, estos rebeldes iban a su aire, trazando caminos extraños en el cielo. Y claro, si alguien se mueve así por el firmamento, ¡tiene que ser un dios!
Mercurio: El corredor incansable de los pies alados
Empezamos por el que está más cerca del sol. Mercurio es un planeta que siempre va con prisas, y no es una forma de hablar. Al estar tan pegado a nuestra estrella, su órbita es frenética.
Tarda apenas 88 días en dar una vuelta completa. Para los antiguos, ver este punto de luz aparecer y desaparecer tan rápido por el horizonte, casi siempre envuelto en los brillos del amanecer o el atardecer, les recordó a una sola persona: el mensajero.
La leyenda de Hermes y sus travesuras
Para los griegos era Hermes, y para los romanos, Mercurio. Pero fíjate qué personaje más fascinante. No era solo un mensajero, era el dios del comercio, de los ladrones, de los viajeros y de la elocuencia.
Nada más nacer, el tío ya estaba haciendo de las suyas. Cuenta la leyenda que se escapó de su cuna y le robó el ganado a su hermano Apolo. ¡Imagínate la cara de Apolo!
Para calmar los humos, Hermes inventó la lira usando el caparazón de una tortuga y se la regaló a su hermano. Era rápido de mente y rápido de pies. Por eso se le representa con esas sandalias aladas tan icónicas que todos conocemos.
El planeta Mercurio lleva su nombre precisamente por esa velocidad endiablada. Es el dios que conecta mundos, el que lleva las noticias del Olimpo a los mortales, y en el cielo, es ese puntito fugaz que parece que siempre tiene una reunión a la que llega tarde.
A mí me hace mucha gracia pensar en Mercurio como ese amigo que nunca para quieto, que siempre tiene un plan nuevo y que te lía en un segundo con su conversación. Esa es la energía de este planeta: movimiento, comunicación y un toque de picardía.
Venus: La joya de la corona y el suspiro de los amantes
Si Mercurio es la velocidad, Venus es, sin ninguna duda, la belleza. No hay objeto más brillante en el cielo nocturno después de la luna. Cuando aparece al atardecer (el lucero vespertino), o al amanecer (el lucero del alba), es imposible no quedarse hipnotizada. Es tan blanco, tan puro y tan potente que los antiguos no tuvieron dudas: tenía que ser ella, la diosa del amor.
Afrodita y el nacimiento entre la espuma
Los griegos la llamaban Afrodita, y su origen es de los que te dejan con la boca abierta. Según Hesíodo, nació de la espuma del mar después de que el titán Crono cortara los genitales a su padre Urano y los lanzara al océano.
Un poco bruto el inicio, lo sé, pero el resultado fue la criatura más bella del universo. Salió del agua en una concha, perfecta y radiante, trayendo consigo el deseo y la armonía.
El nombre de Venus captura esa esencia. Pero cuidado, que la diosa (y el planeta), tienen su carácter. Aunque desde fuera parece un remanso de paz y amor, Venus es el planeta más caliente del sistema solar debido a su atmósfera infernal. Me parece una metáfora perfecta: el amor puede ser lo más bello del mundo, pero también puede quemar si no tienes cuidado.
Los antiguos veían en Venus dos personalidades. Durante mucho tiempo pensaron que el lucero del alba y el de la tarde eran dos estrellas distintas. Los griegos las llamaban Phosphorus y Hesperus.
Fue más tarde cuando se dieron cuenta de que eran la misma joya brillando en momentos diferentes. Para mí, Venus representa esa capacidad de brillar incluso cuando la luz del sol todavía no ha llegado, o cuando ya se ha ido. Es la esperanza y la seducción hecha planeta.
La Tierra: La gran excepción que confirma la regla
Aquí llegamos a un punto que siempre me ha parecido súper curioso y que rompe un poco los esquemas. Si te fijas, todos los planetas tienen nombres de dioses romanos, ¿verdad? Pues la Tierra no. O al menos, no de la misma forma directa que los demás en la mayoría de los idiomas.
En español, Tierra viene del latín Terra, que a su vez está vinculado a la diosa Tellus o Terra Mater. Pero es curioso porque no solemos verla en el mismo pedestal mitológico que a los demás cuando hablamos de astronomía.
Los griegos la llamaban Gea (o Gaia), la madre primordial, la que surgió del Caos y dio origen a todo lo que conocemos. Gea: el cimiento de todo lo vivo
Gea no es solo una diosa, es la base. Sin ella no hay Olimpo, no hay dioses y no hay humanos. Es la fuerza generatriz.
A diferencia de los otros planetas, que se ven como luces lejanas y divinas, la Tierra es el suelo que pisamos, el aire que respiramos. Por eso su nombre tiene esa connotación más terrenal (nunca mejor dicho), y menos etérea.
A veces me pregunto si no deberíamos darle un nombre más épico en el día a día, pero luego pienso que Tierra es un nombre precioso. Representa la estabilidad, el refugio. En un sistema solar lleno de gigantes gaseosos y mundos helados, ella es el hogar. Es la madre que nos sostiene a todos mientras viajamos por el vacío.
Marte: El Guerrero Rojo que Enciende el Horizonte
Si miras al cielo y ves un punto que no parpadea y que tiene un tono anaranjado o rojizo inconfundible, estás ante Marte. No es de extrañar que desde que el primer ser humano levantó la vista, asociara ese color con dos cosas muy potentes: el fuego y la sangre. Y claro, ¿qué representa mejor el fuego y la sangre que la guerra?
Marte es, para mí, el planeta con la personalidad más definida desde fuera. No se anda con chiquitas. Los romanos lo llamaron así en honor a su dios de la guerra, pero aquí hay un matiz que me encanta contarte. Mientras que para los griegos su equivalente, Ares, era un dios un poco caótico, violento y que a menudo caía mal a los demás dioses (incluso a su propio padre, Zeus), para los romanos Marte era una figura fundamental y mucho más digna.
La leyenda de un padre fundador
Los romanos se tomaban muy en serio a Marte porque creían que era el padre de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Para ellos, no era solo el dios que destruía, sino el dios que protegía al Estado y aseguraba la victoria.
El nombre de Marte evoca esa fuerza imparable, ese impulso que todos sentimos a veces de ir a por todas sin mirar atrás.
En la mitología, Marte solía ir acompañado de dos figuras terroríficas: Deimos (el terror), y Phobos (el pánico). ¿Y sabes qué es lo más alucinante de la astronomía? Que cuando se descubrieron las dos pequeñas lunas de Marte en el siglo XIX, se decidió llamarlas precisamente así, Deimos y Fobos. Me parece un detalle de una coherencia histórica preciosa. Es como si el mito y la realidad se dieran la mano a millones de kilómetros de distancia.
Personalmente, Marte me transmite esa energía de acción. Es el planeta que nos dice que a veces hay que luchar por lo que queremos, aunque el camino sea árido y polvoriento como su superficie.
Es la pasión en estado puro, aunque sea una pasión un poco beligerante.
Júpiter: El Rey Supremo y su Corte de Amantes
Ahora llegamos al jefe. No hay otra forma de llamarlo. Júpiter es tan grande que dentro de él cabrían todos los demás planetas del sistema solar juntos y aún sobraría sitio. Es una bestia de gas y tormentas. Por supuesto, ante semejante despliegue de grandeza, los antiguos no dudaron: este tiene que ser el Rey de los Dioses.
Los griegos lo llamaban Zeus, el del rayo, el que gobernaba desde el Olimpo con mano de hierro (y un corazón bastante inquieto, todo hay que decirlo). Los romanos lo rebautizaron como Júpiter, el Jove Óptimo Máximo. Es el planeta de la expansión, de la suerte, del poder y de la justicia.
El drama celestial de sus lunas
Aquí es donde la astronomía se pone divertida de verdad y donde vemos que los astrónomos tienen un sentido del humor maravilloso. Como te contaba antes con las lunas de Marte, con Júpiter pasó algo similar pero a una escala mucho mayor.
Júpiter tiene decenas de lunas, pero las cuatro más famosas (las que descubrió Galileo), son Ío, Europa, Ganimedes y Calisto. ¿Sabes quiénes eran estos personajes en la mitología? Pues eran todos amantes o figuras estrechamente ligadas a los deseos de Zeus/Júpiter.
La leyenda dice que Zeus se transformaba en cualquier cosa (un toro, un cisne, una lluvia de oro), para seducir a estas bellezas y ocultárselo a su esposa, la celosa Juno.
Aquí viene el giro final: en la actualidad, tenemos una sonda espacial de la NASA orbitando Júpiter. ¿Sabes cómo se llama? ¡Juno! Es como si el universo hubiera cerrado el círculo y ahora la esposa legítima estuviera allí arriba, vigilando de cerca al marido y a todas sus conquistas. Dime si esto no es mejor que cualquier guion de Hollywood.
Júpiter, con su Gran Mancha Roja que es una tormenta tres veces más grande que la Tierra, representa esa fuerza que nos protege.
Gracias a su enorme gravedad, Júpiter actúa como un escudo que atrae a la mayoría de los cometas y asteroides que podrían chocar contra nosotros. Es, literalmente, el gran protector, el rey que vela por la seguridad de sus súbditos.
Saturno: El Señor del Tiempo y las Sombras del Pasado
Si seguimos alejándonos del sol, llegamos al que para muchos es el planeta más bonito por sus anillos, pero también el que tiene una de las historias más oscuras y profundas: Saturno.
Antes de que se inventara el telescopio, Saturno era el planeta más lejano que el ojo humano podía ver. Era el límite de lo conocido.
Se mueve de forma muy lenta y pausada por el cielo, tardando casi 30 años en dar una vuelta completa al sol. Por esa lentitud y por estar en la frontera de la oscuridad, los antiguos lo asociaron con el tiempo y la vejez.
Cronos y la guadaña del destino
Para los griegos era Cronos, el titán que devoraba a sus propios hijos para evitar que uno de ellos lo destronara. Es una imagen potente y un poco aterradora, ¿verdad? Representa la idea de que el tiempo, al final, lo consume todo.
Sin embargo, los romanos le dieron un toque mucho más amable. Para ellos, Saturno era el dios de la agricultura y las cosechas.
De hecho, la leyenda romana cuenta que, después de ser derrotado por su hijo Júpiter, Saturno se refugió en Italia y enseñó a los hombres a cultivar la tierra, inaugurando una Edad de Oro de paz y abundancia. De ahí vienen las Saturnales, unas fiestas romanas llenas de alegría que son el antecedente directo de nuestra Navidad.
Saturno nos enseña que el tiempo tiene dos caras: puede ser el tirano que nos consume o el maestro que nos permite cosechar los frutos de nuestro esfuerzo. Sus anillos, que son miles de millones de trozos de hielo y roca, actúan como una corona que le otorga una dignidad única en el sistema solar.
Es el planeta de la estructura, de la paciencia y de la sabiduría que solo dan los años.
Urano: El Cielo Estrellado y el Primer Padre
Con Urano entramos en una categoría distinta. Este planeta no se ve fácilmente a simple vista, por lo que su descubrimiento fue mucho más tardío, en 1781, gracias a William Herschel. Pero aunque sea un «recién llegado» a nuestros mapas, su nombre nos conecta con el principio de los tiempos.
A diferencia de los demás planetas que llevan nombres de dioses romanos «de primera línea», Urano mantiene el nombre griego de la deidad del cielo. Urano era el padre de los titanes y el abuelo de los dioses olímpicos. Era el cielo mismo personificado.
Una revolución en los nombres
Cuando se descubrió, hubo mucha pelea por cómo llamarlo. Herschel quería llamarlo Georgium Sidus (la estrella de Jorge), en honor al rey Jorge III de Inglaterra. Imagínate qué raro sonaría ahora: «Mercurio, Venus, Marte y… Jorge». Por suerte, la comunidad internacional decidió seguir la tradición mitológica.
Eligieron a Urano para mantener la lógica de la genealogía: si Júpiter es el hijo de Saturno, el siguiente planeta debía ser el padre de Saturno. Me parece una forma muy poética de organizar el espacio.
Urano es un mundo extraño, que gira «tumbado» de lado y tiene un color azul verdoso pálido que evoca esa atmósfera celestial y misteriosa del primer padre del cosmos.
Neptuno: El gigante azul que gobierna los abismos
Llegamos al último de los planetas oficiales, ese mundo que parece una canica de cristal azul flotando en la nada. Neptuno fue descubierto de una forma muy curiosa: no mirando por un telescopio, sino con matemáticas.
Los astrónomos notaron que Urano se movía de forma rara, como si algo le estuviera dando tirones desde más lejos. Hicieron los cálculos y, ¡pum!, ahí estaba.
Dado su color azul intenso y vibrante, el nombre estaba claro. Tenía que ser el dios de los mares. Los romanos lo llamaban Neptuno y los griegos Poseidón. Es el señor de las profundidades, de los terremotos y de los caballos.
El tridente y el temperamento indomable
A mí Neptuno me transmite una energía muy poderosa pero muy impredecible. En la mitología, era un dios de mecha corta. Si se enfadaba, golpeaba el suelo con su tridente y creaba tormentas que hundían flotas enteras.
Pero también era capaz de crear islas preciosas y fuentes de agua cristalina.
El planeta Neptuno es exactamente así. Aunque desde lejos parece una esfera de paz azulada, en su atmósfera se registran los vientos más fuertes de todo el sistema solar, llegando a superar los dos mil kilómetros por hora. Imagínate eso. Es la furia del océano llevada a escala planetaria.
Es el recordatorio de que, bajo una apariencia tranquila, puede esconderse una fuerza salvaje. A veces, cuando me siento un poco desbordada por las emociones, pienso en Neptuno y me doy cuenta de que tener tormentas internas también es algo divino.
Plutón: El rebelde del inframundo que nunca olvidaremos
Ay, Plutón. Mi corazón siempre tendrá un hueco para él, aunque en 2006 los científicos decidieran que ya no era un planeta «de verdad» y lo bajaran a la categoría de planeta enano. Pero para lo que nos ocupa hoy, que es la historia y la magia de su nombre, Plutón sigue siendo un rey.
Fue descubierto en 1930 y el nombre se lo puso una niña de once años llamada Venetia Burney. Me encanta este detalle porque nos demuestra que la pasión por el cielo no entiende de edades. Ella pensó que, al estar tan lejos, tan oscuro y tan frío, debía llevar el nombre del dios del inframundo.
Hades y el reino de las sombras
Para los griegos era Hades, el hermano de Zeus y Poseidón que se quedó con la parte más sombría del reparto del universo. Pero no te equivoques, Plutón no era un dios malvado al estilo de los villanos de las pelis. Era más bien un administrador serio y justo de las almas.
Los romanos lo llamaban Plutón, que significa el rico, porque de la tierra no solo salen las almas, sino también el oro, la plata y todas las riquezas minerales.
La historia más famosa de Plutón es la de Perséfone. Se dice que se enamoró tanto de ella que se la llevó a su reino. Su madre, Deméter (la diosa de la agricultura), se puso tan triste que la tierra dejó de dar frutos.
Al final llegaron a un trato: Perséfone pasaría una parte del año con él y otra con su madre. Así es como los antiguos explicaban el origen de las estaciones. Cuando Perséfone baja con Plutón, llega el invierno; cuando sube, la primavera.
¿No te parece una forma preciosa de entender el mundo? Plutón, con su gran mancha en forma de corazón en la superficie (que descubrimos gracias a la sonda New Horizons), nos dice que incluso en el lugar más oscuro y remoto puede haber amor y riqueza. Es el planeta de la transformación, de morir para renacer.
Más allá de Roma: Cómo veían los planetas otras culturas
Aunque nos hemos centrado en la herencia grecorromana porque es la que usamos para nombrar el espacio, no quiero que te vayas sin saber que el mundo es mucho más grande. Otras civilizaciones miraban las mismas luces y veían historias totalmente distintas, pero igual de mágicas.
Los mayas, por ejemplo, eran unos maestros de la astronomía. Para ellos, Venus no era una diosa del amor, sino un dios de la guerra y un heraldo del inframundo llamado Kukulkán o Quetzalcóatl en su forma de estrella de la mañana. Su movimiento dictaba cuándo era el mejor momento para las batallas.
En la antigua China, los planetas estaban asociados a los cinco elementos fundamentales. Mercurio era el elemento agua; Venus, el metal; Marte, el fuego; Júpiter, la madera; y Saturno, la tierra. Es una visión mucho más orgánica y conectada con la naturaleza que me parece fascinante. Todo en el universo estaba entrelazado.
No podemos olvidar a los egipcios, que veían en Marte a Horus el Rojo, un halcón celestial que protegía al faraón. Ver cómo cada pueblo proyectaba sus miedos, sus esperanzas y su cultura en esos puntitos de luz me hace sentir que, al final, todos buscamos lo mismo: sentido en la inmensidad.
El nombre de los planetas y Los días de la semana
¿Te has parado a pensar que invocas a estos dioses todos los días? Nuestra semana es un homenaje constante al sistema solar y a su mitología.
Lunes es el día de la Luna. Martes, el de Marte. Miércoles, el de Mercurio. Jueves, el de Júpiter. Viernes, el de Venus. El sábado nos viene de Saturno (aunque en español cambió por el Sabbath hebreo, en inglés Saturday se ve clarísimo). El domingo, claro, es el día del Sol (Sunday).
Vivimos inmersas en esta mitología sin darnos cuenta. Cada vez que quedas con alguien un viernes por la tarde, estás rindiendo honores a la diosa del amor y la alegría sin saberlo. A mí esto me da una sensación de continuidad increíble. Somos parte de una cadena de seres humanos que lleva miles de años mirando hacia arriba y tratando de entender qué hacemos aquí.
Ceres y el Cinturón de Asteroides: La madre que nos alimenta a todos
Justo entre Marte y Júpiter hay un espacio que parece un poco caótico, lleno de rocas espaciales. Pero allí reina ella: Ceres. Durante mucho tiempo fue considerada un planeta, luego un asteroide y ahora es un planeta enano. Pero más allá de las etiquetas de los científicos, su nombre es pura vida.
Ceres es la versión romana de la griega Deméter. Es la diosa de la agricultura, de las cosechas y de ese amor maternal que es capaz de mover el mundo. De su nombre viene, precisamente, la palabra cereales. ¿No es increíble? Cada vez que desayunas unos copos de avena o te haces una tostada, estás rindiendo un pequeño homenaje a esta diosa y al planeta que lleva su nombre.
La leyenda de Ceres es la que explica el ciclo de la vida. Cuando su hija Proserpina (Perséfone) fue raptada por Plutón, Ceres se puso tan triste que dejó que toda la vegetación muriera. El mundo se volvió gris y frío. Al final, Zeus tuvo que intervenir para que el hambre no acabara con los humanos. Gracias a eso, tenemos las estaciones.
Para mí, Ceres representa esa conexión visceral que tenemos con la tierra y con nuestros propios ciclos. Ver ese pequeño mundo flotando entre el guerrero Marte y el rey Júpiter me recuerda que, incluso en mitad de la fuerza y el poder, siempre tiene que haber un lugar para la nutrición y el cuidado.
El club de las diosas menores: Palas, Juno y Vesta
Junto a Ceres, en ese cinturón de asteroides, hay otras tres figuras femeninas potentes que fueron de los primeros objetos en ser descubiertos en el siglo XIX.
Es curioso, porque durante un breve periodo de la historia, estos cuatro fueron considerados planetas de pleno derecho. Imagínate los libros de texto de la época: ¡teníamos un sistema solar mucho más femenino!
Palas Atenea representa la sabiduría estratégica y la guerra justa. Juno (Hera) es la reina del Olimpo y la protectora del compromiso. Y Vesta es la diosa del hogar y del fuego sagrado. Me parece precioso que estas cuatro facetas de la mujer estén representadas en ese anillo de rocas que protege el sistema solar interior. Son como las guardianas del hogar galáctico.
Las lunas de Saturno: El regreso de los Titanes
Si Júpiter tiene a sus amantes, Saturno tiene a su familia… bueno, a la parte de la familia que intentó destruir. Como te contaba antes, Saturno (Cronos) era un titán. Y las lunas que orbitan a su alrededor llevan los nombres de esos seres primordiales que existieron antes que los dioses olímpicos.
Titán es la luna más grande y famosa. Su nombre lo dice todo: es gigantesca y tiene una atmósfera propia. Pero luego tenemos a Rea, Jápeto, Tetis, Dione y Encélado. Todos ellos eran hermanos o hermanas de Saturno.
La historia de los Titanes es una de rebelión y poder bruto. Representan las fuerzas elementales de la naturaleza. Encélado, por ejemplo, era un gigante que, según la leyenda, fue enterrado bajo el monte Etna tras la guerra contra los dioses; sus movimientos eran los que causaban los terremotos.
En el espacio, la luna Encélado es un mundo helado con géiseres gigantescos que lanzan agua al vacío. Es como si el gigante siguiera intentando salir de su prisión de hielo. Me vuela la cabeza cómo los astrónomos eligieron nombres que encajan tan bien con la geología de estos mundos.
El giro inesperado de Urano: Un homenaje a la literatura
Aquí tengo que hacer un inciso porque esta es la parte favorita de cualquier amante de la lectura. Urano es el rebelde del sistema solar en todos los sentidos. Ya te dije que gira de lado, pero es que sus lunas no siguen la tradición mitológica griega o romana. ¡Para nada!
Cuando llegó el momento de ponerles nombre, se decidió rendir homenaje a los grandes poetas y dramaturgos ingleses, principalmente William Shakespeare y Alexander Pope. Por eso, en lugar de dioses antiguos, tenemos a personajes de sueños y dramas.
Están Titania y Oberón (los reyes de las hadas de Sueño de una noche de verano), Ariel, que es ese espíritu libre de La Tempestad, y mi favorita personal: Miranda. Miranda es la protagonista de La Tempestad, una mujer que ha crecido aislada y que, al ver a otros humanos por primera vez, exclama aquello de ¡Oh, qué mundo tan maravilloso!.
Me parece un nombre perfecto para una luna que estamos descubriendo y que nos hace exclamar lo mismo ante la belleza del cosmos. Es como si Urano hubiera decidido que, si él era el dios del cielo, sus satélites debían ser pura poesía.
El zodiaco y su conexión eterna con los planetas
No podemos hablar de los nombres de los planetas sin mencionar cómo influyen en nuestra identidad a través del zodiaco. Sé que esto te encanta tanto como a mí. La astrología y la astronomía fueron la misma cosa durante milenios, y esa conexión sigue viva en los nombres de los signos.
Cada planeta «rige» un signo, es decir, le presta su personalidad mitológica. Marte rige a Aries, dándole esa energía de fuego y valentía. Venus rige a Tauro y a Libra, aportando belleza, arte y equilibrio. Mercurio, con su rapidez mental, rige a Géminis y a Virgo.
Es un sistema circular precioso. Júpiter rige a Sagitario (la expansión y los viajes), y Saturno rige a Capricornio (la disciplina y el tiempo). Cuando conoces la leyenda del dios, entiendes perfectamente por qué tu amiga la Capricornio es tan cuadriculada y responsable, o por qué ese Sagitario que conoces no puede estarse quieto en un sitio. Estamos proyectando el Olimpo en nuestra personalidad diaria.
El nombre de los planetas en el Antiguo Egipto: El viaje del Sol
Antes de que los griegos pusieran orden en el cielo, los egipcios ya tenían sus propias visiones. Para ellos, el cielo era un río por el que navegaban los dioses en barcas solares.
Marte no era solo un guerrero, era Horus el Rojo, un aspecto del dios halcón que representaba la victoria del faraón sobre sus enemigos. Júpiter era una estrella que brillaba tanto que la llamaban El que ilumina las dos tierras.
Lo que más me fascina de la visión egipcia es cómo conectaban los planetas con la muerte y el renacimiento. Para ellos, que un planeta desapareciera por el horizonte y volviera a aparecer días después era la prueba definitiva de que hay vida después de la muerte. No eran solo luces; eran promesas de inmortalidad. Cuando miro a Júpiter, a veces intento imaginarlo como esa barca dorada navegando por un Nilo celestial, y la sensación de paz es increíble.
La visión nórdica: Planetas bajo la aurora boreal
Si nos vamos al frío norte, a las tierras de los vikingos, las historias cambian pero la intensidad es la misma. Aunque ellos no nombraron los planetas tal como los conocemos hoy en el ámbito científico, sí tenían una relación muy estrecha con los astros.
Para ellos, el cielo era el cráneo del gigante Ymir, y las estrellas eran chispas del mundo de fuego, Muspelheim. Venus era conocida como la estrella de Frigg, la esposa de Odín y diosa del amor y el hogar. Curiosamente, Frigg y Venus comparten muchísimas funciones.
Al final, no importa si estás en el Mediterráneo o en un fiordo noruego. La belleza de ese lucero del alba siempre nos evoca lo mismo: amor y protección.
El futuro del nombre de los planetas: ¿Cómo llamaremos a los nuevos mundos?
Estamos viviendo un momento histórico. Ya no solo conocemos los planetas de nuestro sistema solar, sino que hemos descubierto miles de exoplanetas orbitando otras estrellas. Aquí surge la gran pregunta: ¿cómo los llamamos?
Al principio se usaban códigos aburridos como HD 189733 b, que parecen contraseñas de Wi-Fi. Pero la Unión Astronómica Internacional se dio cuenta de que necesitábamos recuperar la magia. Ahora se hacen concursos públicos donde gente de todo el mundo puede proponer nombres.
Se están usando nombres de mitologías de todo el mundo: azteca, japonesa, inuit, africana… Es como si estuviéramos expandiendo nuestro Olimpo particular a toda la galaxia. Me emociona pensar que, quizás, dentro de mil años, alguien mirará a una estrella lejana y contará la leyenda de un dios del que hoy apenas nos acordamos, pero que ha encontrado un nuevo hogar en un planeta lejano.
Preguntas frecuentes sobre el nombre de los planetas
¿Quién decidió que se usaran nombres romanos y no griegos?
Realmente no fue una sola persona. Fue una inercia histórica. El latín fue el idioma de la ciencia y el conocimiento en Europa durante siglos. Cuando los astrónomos del Renacimiento empezaron a catalogar el cielo de forma más sistemática, usaron los nombres latinos que ya estaban asentados en la cultura europea.
¿Por qué los planetas descubiertos después (Urano, Neptuno) siguieron la tradición?
Por coherencia y respeto. Cuando Herschel descubrió Urano y quiso llamarlo Jorge, la comunidad científica se dio cuenta de que eso rompería la armonía del cielo. Decidieron que si el universo era un panteón de dioses, había que seguir invitando a los mismos personajes. Es una tradición que nos ayuda a sentir el sistema solar como un conjunto unido.
¿Existen planetas con nombres de diosas femeninas aparte de Venus?
En el sistema solar principal, Venus es la única. Sin embargo, en el cinturón de asteroides y entre los planetas enanos hay muchísimas más. Ceres, por ejemplo, fue el primer asteroide descubierto y lleva el nombre de la diosa de la agricultura. Eris, Haumea y Makemake son otros ejemplos de planetas enanos con nombres de deidades de diversas culturas. ¡Poco a poco vamos equilibrando el Olimpo!
¿Qué nombre tiene el Sol en la mitología?
Para los griegos era Helios, que recorría el cielo cada día en un carro de fuego. Los romanos lo llamaron Sol Invictus. Curiosamente, nuestra palabra sol viene directamente del latín, sin pasar por filtros de nombres propios como los planetas. Es tan importante que él mismo es el nombre.
¿Por qué se llama Vía Láctea a nuestra galaxia?
Esta leyenda es de mis favoritas. Se dice que Hera estaba amamantando a Heracles (Hércules) y, al despertarse y darse cuenta de que no era su hijo, lo apartó bruscamente. Un chorro de leche salió disparado hacia el cielo y creó ese camino blanquecino que vemos en las noches oscuras. ¡Literalmente es un camino de leche divina!
¿Por qué se dice que los planetas tienen influencia en el humor?
Esto viene de la teoría de los cuatro humores de la antigua medicina, que se mezcló con la astrología. Por ejemplo, de Júpiter (Jove) viene la palabra jovial, porque se creía que su influencia daba alegría. De Saturno viene saturnino, que significa alguien melancólico o serio. De Mercurio viene mercurial, para alguien que cambia de opinión rápido. ¡Nuestro idioma está lleno de astrología!
¿Cuál es el planeta más antiguo según su nombre?
Cronos (Saturno) es técnicamente el más antiguo en la genealogía mitológica, ya que es el padre de la generación de los dioses olímpicos. Pero Urano es el abuelo, así que él ganaría el premio al «anciano del cielo».
¿Existe algún planeta que lleve el nombre de un mortal?
En el sistema solar tradicional, no. Todos son dioses. Sin embargo, hay miles de asteroides que llevan nombres de personas reales: desde Freddie Mercury hasta Malala Yousafzai. Es nuestra forma de decir que los humanos también podemos alcanzar las estrellas.
¿Por qué Plutón es tan pequeño si era un dios tan importante?
s una paradoja preciosa. En la mitología, el reino de Plutón era vasto pero invisible, oculto bajo tierra. El hecho de que el planeta sea pequeño y esté tan lejos que apenas podemos verlo encaja perfectamente con esa idea de un reino secreto y misterioso.
Cómo se llaman las lunas de Marte en español?
Fobos y Deimos. Suenan un poco fuertes, ¿verdad? Vienen del griego y significan Miedo y Pánico. Eran los hijos de Ares (Marte) y lo acompañaban siempre en el campo de batalla. Es un poco irónico que un planeta tan pequeño tenga escoltas con nombres tan imponentes.
¿Hay algún planeta que se llame como un animal?
No directamente, pero muchas constelaciones sí. Sin embargo, en algunas culturas antiguas, como la china, los planetas se asociaban a animales celestiales. Júpiter, por ejemplo, estaba vinculado al Dragón Verde de Oriente.
¿Es cierto que Venus gira al revés?
¡Sí! Y mitológicamente es muy apropiado. Venus es la diosa que rompe las reglas, la que hace que el mundo gire de forma distinta cuando el amor entra en juego. Mientras todos los planetas giran en un sentido, ella decidió hacerlo al revés. Es la rebelde del glamour.
Bueno, amiga, hemos recorrido millones de kilómetros sin movernos del sitio. Hemos visto guerras, amores, traiciones y descubrimientos matemáticos. Para mí, conocer el origen de los nombres de los planetas es como conocer el apellido de mis vecinos; de repente, el barrio parece mucho más acogedor.
Ahora me encantaría saber qué piensas tú. Si tuvieras que elegir un planeta cuya leyenda encaje con tu momento vital ahora mismo, ¿cuál sería? ¿Te sientes una Venus radiante, un Mercurio a mil por hora o quizás una Saturno buscando sabiduría y paciencia?
¿Conocías la historia de la niña que le puso nombre a Plutón? ¿O el drama de la sonda Juno vigilando a Júpiter? Cuéntame cualquier curiosidad que se te haya quedado grabada o si tienes alguna otra duda mitológica que te ronde la cabeza. Me encanta leerte y aprender juntas de este universo que nunca deja de sorprendernos.
¡Déjame tu comentario abajo y hagamos que esta conversación llegue más lejos que la Voyager! Nos vemos en las estrellas.





